En la última intención se encuentra el equilibrio, la igualdad y el balance.
Esto captura abiertamente la manifestación idónea de lo eterno, la
madurez. La vida trasciende en un juego constante de experiencia en donde algo
culmina y algo comienza, ahí es donde se perpetuán y se enriquecen nuestras
cualidades.
Algo
siempre acaba, algo culmina dentro de nuestro ser, pues la vida nos enseña
aquel equilibrio que es la meta. La nada es aquello que nos muestra como
se atenúa la fuerza de la vida, el círculo se completa, pues esto es la vida;
un círculo constante, una rueda de enseñanza pura, la cual nos lleva al
equilibrio, la igualdad, el balance y el amor. Por tanto es inevitable la lucha
constante contra la corriente natural de la vida. Vale más el esfuerzo que nos
lleva a la victoria, que la derrota que promueve el creer que la
impotencia es absoluta y que no hay otra salida. Pues somos capaces de
vencer, así el peldaño se vea imposible de sobrepasar, la vida en su manifiesto
natural nos enseña abiertamente que su capacidad infinita de posibilidad está a
nuestra disposición cuando nos envolvemos en espíritu y le damos paso a la
compasión, la paz, el perdón y el amor.
El
saber nos salva, pues en primera instancia esa necesidad idónea de saciar la
plenitud, se encarga de mostrarnos a través de la experiencia, la gran verdad
que promueve nuestra existencia. Nuestra voluntad es el timón, nuestras
herramientas son el corazón y nuestra mente, el sosiego nos muestra con
claridad el camino hacia la luz. Este es el verdadero sentido del sentimiento más
profundo que puede contener un alma y es la intuición. Pues en aquella última
instancia en donde la adversidad ha tomado su momento se encuentra la respuesta
a todas nuestras preguntas, y es la trascendencia, lo que no permanece es finito.
¿Qué es esto preguntaran?
Pues es el principio de la vida, el movimiento, el sin cesar de la experiencia que así siendo única y constante es siempre nueva y diferente. Lo cual implica que queda absolutamente de nuestra parte disfrutar de su novedad. Hay tiempo para todo, para la reflexión, para la meditación, para compartir, para estar a solas, para encontrar y para vivir y lo único que es requisito es el disfrutar de los buenos momentos y aprender con ellos, y de reflexionar de las experiencias que nos hacen ver la posibilidades de la vida, y también hay momentos para llorar.
A veces se nos escapa la vida de la manera más ilusa, y es reprimiendo aquello que necesita manifestarse, es el caso de una lágrima, a veces la falta de expresión engendra la fragmentación en un nivel individual y en un nivel colectivo, antifaces se utilizan como escudo, escondiéndose de sí mismos y en sombras es que nace la tiranía de los hombres.
¿Que derecho habrá en creer ser dioses?
Todavía yo a mi corta edad no lo entiendo, pues me parece un poco efímero, pero si sé que la naturaleza del ser humano da cavidad para la equivocación, no para la maldad y sé en última instancia que si esta existiese seria envuelta de total ignorancia.
Al final, en la última intención se encuentra el equilibrio, la igualdad y el balance. La necesidad llama a escucharnos en nuestra intimidad, a entender que el secreto más bonito que tiene la vida nos lo devela de maneras muy sutiles, y su recomendación nos llama a estar abiertos y a experimentarlo.
Pues es el principio de la vida, el movimiento, el sin cesar de la experiencia que así siendo única y constante es siempre nueva y diferente. Lo cual implica que queda absolutamente de nuestra parte disfrutar de su novedad. Hay tiempo para todo, para la reflexión, para la meditación, para compartir, para estar a solas, para encontrar y para vivir y lo único que es requisito es el disfrutar de los buenos momentos y aprender con ellos, y de reflexionar de las experiencias que nos hacen ver la posibilidades de la vida, y también hay momentos para llorar.
A veces se nos escapa la vida de la manera más ilusa, y es reprimiendo aquello que necesita manifestarse, es el caso de una lágrima, a veces la falta de expresión engendra la fragmentación en un nivel individual y en un nivel colectivo, antifaces se utilizan como escudo, escondiéndose de sí mismos y en sombras es que nace la tiranía de los hombres.
¿Que derecho habrá en creer ser dioses?
Todavía yo a mi corta edad no lo entiendo, pues me parece un poco efímero, pero si sé que la naturaleza del ser humano da cavidad para la equivocación, no para la maldad y sé en última instancia que si esta existiese seria envuelta de total ignorancia.
Al final, en la última intención se encuentra el equilibrio, la igualdad y el balance. La necesidad llama a escucharnos en nuestra intimidad, a entender que el secreto más bonito que tiene la vida nos lo devela de maneras muy sutiles, y su recomendación nos llama a estar abiertos y a experimentarlo.
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