EL VERBO
EL VERBO
¿A que le debe el hombre la letra?
Con la tinta
invisible, arropando con la sabana del todo y de nada, la muerte es más bien un
renacer. Al final ya todo es igual desde un principio, ya nada falta y es
siempre ahora. Nada que seguir, nada que encontrar, todo pasa; algo acaba, y es
ese pasado que nada tiene que ver con el mundo. Es el espacio donde el jamás
cesa y florece la tinta en el fuego del Espíritu.
Por eso pregunto: ¿A
que debe el hombre la letra?
Si al final el querer
no es suficiente, al final más vale el amor, que cualquier otra pasión, nada
vale con solamente querer, el amor es virtud. Todo es inevitable, todo capaz de
pasar, no es ni menos ni mas, es solamente el movimiento del alma al liberarse
de la falta y convertirse en pureza. Somos iguales, nos dice la muerte, más bien
es renacer, es el compas de la vida, la plenitud del Espíritu que entiende que
siempre algo deja de ser para transformarse en otra verdad. Esto es voluntad, así
como el tarareo de mi musa sublime, suave y cálida como la vida.
Entonces: ¿A qué debe el hombre la letra?
Si hay sujetos que
no se pueden ni pronunciar, al final la luz es el camino y la única verdad. No
hay don más certero que ese silencio de tinta invisible, arropando con la
sabana del todo y de nada, la muerte es más bien renacer.
Solo soy, entonces
digo, solo soy aquello a que me atreva a ser, más bien un imposible erradicado
en el corazón amado, mas soy la tinta y el verso disfrazado de hombre. Soy, soy
un atrevido, un imposible siendo capaz de erradicarse del temor de la sombra,
un paso de la luz, de la tinta al Espíritu. Ya todo queda por decirse, ya todo
se vuelve al uno, al lugar en donde la muerte se convierte en renacer en donde
el niño vuelve a jugar y ser integró con la más perfecta madurez.
¿A que debe el
hombre la letra?
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