Cronopio
Cronopio
Confieso, he sido un Cronopio como la criatura de Cortázar,
Verde, húmedo, blando de espíritu,
Inicuo y fundido en mi ignorancia.
Por olvidarme del dolor, me olvide de la Luz,
Me abandone al azar, al juego efímero del mundo; para volverme uno más en el crepúsculo del horizonte.
He evitado estas palabras, para entenderme en oscuridad, y en ese ocaso me volví noche. Ahí vague, me olvide, y me sumergí en la cueva de las siluetas. En el mundo de la sombra, encontré el olor del fieltro y la composta.
Me he vuelto inicuo, un vagabundo de la nada, para encontrar el todo, después de la luz, existe el espíritu.
...y ahí una canción me ha acompañado, de esas silentes que en siluetas se le entiende todo...
Queda todavía poeta, quedan después de todo, todas estás palabras. Todos los ensayos, se vuelven una improvisación divina.
Estoy vivo, que quede claro, que aunque estuve muerto entre las ideas, la copa necesitaba llenarse para desbordase en la prosa que me hace casi incomprendido.
Por lo que he sido, he enloquecido en la atenuación de mi ser, verde, húmedo , un polvo fugaz, desvaneciendo, como un alma muerta clamando justicia.
Por olvidarme del dolor, sentí más, se desangraron las heridas, se extinguió ese fuego finito. Pero aún aquí sigo, sintiendo profundo y me acuerdo del día.
De las risas, del por qué de la experiencia.
He sido un Cronopio, una criatura extinta... algo demente, uno más, un muerto vivo, húmedo, banal, como cualquier cosa.

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